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La presente reseña analiza el ensayo de Chimamanda Ngozi Adichie, cuyo argumento central plantea que el feminismo no constituye una lucha exclusiva de las mujeres, sino un movimiento orientado a la igualdad de todas las personas, en esencia, un humanismo. A partir de su experiencia personal creciendo en Nigeria, la autora examina cómo los roles de género se inculcan desde la infancia y terminan reproduciéndose en las instituciones sociales, determinando quién ocupa qué espacios y quién accede a qué derechos. El texto identifica además una paradoja presente incluso al interior de los feminismos: la tendencia a señalar a quienes, desde ciertas posturas, no se rebelan «lo suficiente» contra el orden patriarcal. Frente a ello, Adichie propone una perspectiva conciliadora, según la cual cada mujer debe poder elegir libremente, desde su propio contexto e individualidad, las vías de emancipación que le resulten pertinentes, sin someterse a mandatos externos injustificados. La reseña destaca como principal fortaleza del ensayo su claridad para desmontar prejuicios arraigados en la vida cotidiana, y su capacidad para invitar a un análisis social y jurídico que fortalezca la dignidad de las mujeres desde una perspectiva empírica.
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Ngozi Adichie, Chimamanda, Todos deberíamos ser feministas, Ciudad de México, Random House, 2015, pp. 62.
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